Dale Albert, aturdime
Mientras escucho a Albert Collins al palo esta mañana, recibo dos mensajes. Mi amigo del alma Carlos T. me envía un mail desde la dirección de Médicos sin Fronteras: “Danielito, hace seis horas que logramos ingresar a Libia a través de la frontera con Egipto. Es otro viaje al infierno. Hace 20 años que hago lo mismo pero en cada nueva oportunidad vuelvo a estremecerme ante la brutalidad de la que somos capaces las personas. Si sobrevivo otra vez nos vemos en el lugar de siempre para hablar de mujeres. Si no salgo vivo de acá, nuestra próxima charla será en el infierno. Yo te espero, vos no te apures”. Carlitos se lo pasa dando vueltas por el mundo de catástrofe en catástrofe: Gaza, Afganistán, Somalía, Haití fueron apenas sus últimos destinos.
Mi amiga M. me envía otro correo: “Leí tu carta como diez veces. ¡HDP me hiciste llorar! Tenés razón, no se puede recibir a un prófugo para ofrecerle una nueva cárcel. Es verdad. Nadie quiere ir de celda en celda. Te prometo que desde hoy las rejas de mi corazón quedarán abiertas. Aunque comprendo que ya es tarde. Estarán abiertas pero vacías. Dale, escribime más. Todos los días. Haceme llorar. Mientras eso ocurra sé que no me voy a matar. Vos sos mi Scherezade”.
Qué cosa, ¿no? La muerte nos ronda como un pájaro al acecho. Vuela en círculos sobre nuestras cabezas. No tiene apuro. Conoce nuestra paradoja. Sabe que le tememos y que lo buscamos. Hay tantas vidas dentro de ésta. Pero nadie ve los hilos que las unen. Giramos como planetas solitarios en órbitas que nunca se tocan. Las cartas van y vienen. Los escenarios cambian. El mundo es ancho y ajeno. Mientras tanto yo me quedo acá. Quietito y aterrado. En el sombrío país de los cobardes. Recordando un par de hombros, una boca abierta al cielo, el redondo paraíso de su culo. Todos esperamos la muerte. Pero algunos la llamamos con más energía que otros. Sentaditos sobre nuestros sillones, o caminando muertos de miedo por la mediocre levedad de los días. Donde sea, como más te guste, como puedas. Vacíos y sin talento, vamos llenando el formulario para merecerla. Dale Albert, aturdime con la exquisita “Honey Hush”. No permitas que me escuche. Metete en mi cabeza y te prometo que me callo.
Albert Collins – Honey Hush: http://www.youtube.com/watch?v=-lg9VPEQQ60No hay posts relacionados.
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