Hola Luis, muchas gracias por enviarme siempre tus sabrosos artículos. Lo he leído esta tarde mientras me tomaba un café en el bar de una estación de servicio. Lo hice dos veces con mucho detenimiento intentando mantener a raya mis opiniones personales respecto del psicoanálisis de las que ya hemos conversado antes. El texto me pareció extraordinario, lúcido e implacable como todos los tuyos. Acuerdo con casi todo lo que dice y en muchos casos me ha aportado herramientas para pensar en la actualidad que no tenía. Gracias.

Desde ya que hay algunas cosas con las que no coincido y que juzgo son el producto de una prejuicio mutuo y de un malentendido sobre el que estamos todos instalados. Tus apreciaciones acerca de la “genetización” de la conducta y de las explicaciones reduccionistas son un argumento frecuente pero –a mi juicio- erróneo. Quienes se dedican con seriedad a investigar acerca de la genética de las enfermedades, incluso de las de orden psiquiátrico, siempre advierten en sus trabajos acerca de que sus conclusiones no deberían ser interpretadas del modo en que muchos periodistas y casi todos los pscioanalistas argentinos lo hacen. Si uno se toma el trabajo –a veces arduo- de leer los papers originales sobre el tema podrá advertir rápidamente que los genes son uno más de los múltiples determinantes de la conducta humana. Casi siempre de una jerarquía menor que el contexto, la historia personal, los conflictos biográficos. Que en circunstancias determinadas quienes son portadores de ciertos rasgos genéticos desencadenan patologías que otros sólo presentan con una frecuencia mucho menor. No existe nadie en el mundo de la investigación rigurosa que crea que “el conocimiento de los 3000 millones de nucleótidos que forman el genoma humano tendría la clave de lo viviente” tal como afirmás. No soy yo, sino los genetistas más reputados quienes se encargan de desmentirlo en todo momento. Son los artículos periodísticos o las tradicionales sobreinterpretaciones de los pscioanalistas porteños quienes se encargan de hacerles decir lo que ellos jamás dirían en las páginas de los diarios. El biologicismo, el cientificismo han derivado en palabras casi insultantes ya que han pasado a denominar un exceso. Curiosamente el relativismo cultural o el psicologicismo tóxico son mucho menos citados como deformaciones culturales aunque son tan aberrantes como aquellas. Todo lo que tu artículo describe me parece producto de la mirada de un hombre sensible al que admiro profundamente. Pero tu caracterización de una genética que solo existe en la cabeza de quienes no leen lo que los investigadores escriben no puedo pasarla por alto. Estoy convencido de que la idea de ciencia que el pequeño mundo psi de nuestro país tiene sólo existe en sus propias cabezas y que sirve para afirmar su agónica identidad. Se requiere de una idea tan poco sutil de la complejidad de la ciencia para instalarse como una alternativa a su ingenuo reduccionismo o a su conspirativa alianza con los factores del poder. A mí esa postura me parece débil, falsa y un tópico que se repite sin profundizar en las fuentes.

¿Qué podría decir del resto de tu artículo? Apenas que enciende la admiración que ya te tenía desde hace años y que me emociona como siempre que uno se encuentra con la reflexión honesta e inteligente de un tipo al que quiere. Desde ya que publicaré el artículo con todo gusto. Los lectores estarán agradecidos. Mis impertinentes observaciones no afectan el espíritu de lo que dice. Y, claro, yo no tengo por qué tener razón.

Te mando mi abrazo, mi admiración y mi afecto de siempre;
DF

Referencias: Imperdible artículo de Luis Hornstein uno de los más grandes médicos psicoanalistas que conozco: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-177760-2011-09-29.html