Hoy vacié un bolsito donde llevo los artículos de baño cuando viajo. Me regalaron uno nuevo lo que me hizo tomar conciencia del estado deplorable del anterior. Encontré ocho maquinitas de afeitar desafiladas, medicamentos inutilizables, pasta de dientes petrificada. El fondo estaba ocupado por un lago interior hecho de una melaza espesa de shampoo y jaboncitos robados en los hoteles. Adherido a una de las paredes laterales había un forro en un sobrecito de celofán oculto dentro de una caja de Bronax Flex. Era un envase marca Prime húmedo y arrugado. Tenía la consistencia de un papiro corroído por los ácidos del tiempo. Con dificultad logré leer la borrosa fecha de vencimiento: “usar antes de Dic. 2010”.  Me produjo una tristeza íntima y vergonzante. Había en el contenido de aquel destartalado neceser azul huellas de mi propia agonía. Revelaba una actitud previsora basada en los hechos. Había anticipado mis lumbalgias por lo que abundaban los antiinflamatorios. Y el pronóstico se había cumplido, los consumí por toneladas. Digestivos, aspirinas, antialérgicos habían tenido la misma función aunque con una frecuencia mucho menor. Había previsto lugares donde no tendría elementos para lavarme. Y recordaba haber empleado los jabones en estaciones de servicio o en baños de bares de mala muerte. Tomé el preservativo entre los dedos intentando recuperar el motivo por el que alguna vez lo había guardado allí. No recuerdo ese momento. Aunque es evidente que lo que preveía eran puras ilusiones. Y no se habían cumplido. Todo indica que tengo más dolores de espalda que sexo en mis viajes. Obstinado e ilusorio el forro señalaba la medida de mi fracaso. Armé el nuevo bolsito con un criterio más realista. Actualicé mi dotación de analgésicos. Puse cuatro maquinitas de afeitar nuevas. Un envase de loción after shave. Un cepillo de dientes anatómico comprado en la farmacia del aeropuerto de Córdoba pero que nunca había encontrado después. Una cajita de hilo dental. En una ceremonia de despedida tiré el preservativo al inodoro. Lo vi hacer una serie vertiginosa de giros arrastrado por el agua para desaparecer en el fondo oscuro de un agujero. En mi nuevo bolso Primicia ya no habrá cosas inútiles. Todo indica que en mi futuro habrá más lumbalgias que mujeres. Debo ser valiente y dar por finalizada mi vida sexual. Reemplazar las ilusiones por los pronósticos sensatos. Para qué engañarme. Me espera un tiempo donde el Diclofenac me será más necesario que los forros.  Esta tarde he comenzado a morir. He ahogado en el inodoro mis mejores fantasías. Quise agacharme para ver aquel sepelio líquido más de cerca. Por fortuna me detuve a tiempo. Cuando comenzaba el movimiento descendente recordé que hoy no me había puesto mi faja lumbar.

No hay posts relacionados.