-Doctor, ¿qué hace acá? Son las seis de la mañana.

-Tengo insomnio, me aburro en casa. Pasé a ver cómo andabas.

– Yo tampoco dormí.

– ¿Te sentiste mal?

– No. Pero es que acá hay sonidos tan raros…

– Es verdad. Yo ya casi no los oigo.

– ¿Y usted por qué no puede dormir?

– Bueno, esa es una historia muy larga.

– A los dos nos pasa lo mismo.

– Pero vos te podrás dormir en un par de días. Yo no.

– Dice mi vieja que uno no duerme cuando se acuesta donde no quiere estar.

– Es muy sabia tu vieja.

– Casi me muero, ¿no?

– Ayer hubo un momento donde eso podría haber sucedido, sí.

– Yo pensaba que era inmortal.

– Esa es una idea que suele matarnos.

– ¿Sabe? Los ruidos de esta sala empeoran a la gente.

– Es posible.

– Me pasé toda la noche haciendo sonar una canción en mi cabeza para callarlos.

–  ¿Cuál?

– ¿Le gusta Calamaro?

– Sí, algunas canciones. Otras no tanto.

– Hay una que tiene una música triste pero que me gusta mucho.Se llama “Estadio Azteca”. Tengo tantas ganas de escucharla.

– Es hermosa. Dale vamos a escucharla ahora. La tengo en mi MP3.

–  ¿Sí? Qué bueno.

– La ponemos en la computadora con el volumen al palo.

– ¡No! Lo van a retar.

– No te preocupes no es lo más grave por lo que me han retado en esta sala.

– Uyyy!! Que belleza doctor. No sabe cuánto se lo agradezco. Pero los ha despertado a todos.

– Si eso te duerme a vos, vale la pena. Que se jodan.

– Las enfermeras y la doctora de guardia vienen para acá. Mejor saque la música doctor.

– No. Bailemos. A mí me gusta la doctorcita. Vos invitala a Carolina, es  la enfermera con las mejores tetas del sanatorio.

– Por la cara que traen no creo que acepten.

– No te preocupes.

– ¿Y qué le digo?

– Que lo que más feliz te hace de no haberte muerto ayer es que podés volver a mirarle las tetas.

– ¡Nooo!, me mataría ella ahora que no lo hizo el infarto.

– No te preocupes. Ninguna mujer rechazaría un homenaje como ese.

– Y a lo mejor hasta es verdad.

– A las mujeres no les interesa la verdad. Aunque, pensándolo bien, si en cielo no hay tetas como las suyas, sería una boludez morirse sin haberlas probado antes.