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	<title>La Verdad y Otras Mentiras &#187; La Verdad y Otras Mentiras &gt;&gt; </title>
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	<description>Medicina y Literatura</description>
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		<title>La sombra de mi viejo</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 20:42:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces, como al príncipe Hamlet, me ronda la sombra de mi viejo. Yo sabía que lo iba a entender cuando fuese demasiado tarde. Pero no hice nada para impedirlo. Sembraba mi camino de libros sin decirme nunca: –¡Leélos! El “Juan Cristóbal” en el descanso de la escalera. “Redoble por Rancas” sobre la tapa del [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/hamlet.padre_.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2589" title="hamlet.padre" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/hamlet.padre_-218x300.jpg" alt="" width="218" height="300" /></a>A veces, como al príncipe Hamlet, me ronda la sombra de mi viejo. Yo sabía que lo iba a entender cuando fuese demasiado tarde. Pero no hice nada para impedirlo.</p>
<p>Sembraba mi camino de libros sin decirme nunca: –<em>¡Leélos!</em> El “Juan Cristóbal” en el descanso de la escalera. “Redoble por Rancas” sobre la tapa del inodoro. “Rayuela” en el cajón de las medias. Yo los leía, pero no le decía nada. Él lo sabía, y también lo callaba. No teníamos nada que decirnos. Éramos hombres, es decir mudos.</p>
<p>Una mañana bajé a la cocina. Yo tenía quince años. Él tomaba mate mientras leía el diario. -<em>“Creo que tengo una supuración”</em>, le dije. Me llevó al hospital bajo una lluvia de otoño. Me aplicó inyecciones durante tres días. Al cuarto, me entregó una caja de forros. -<em>Ya está</em>, me dijo. –<em>Nunca más sin éstos</em>. Fue suficiente, claro, nunca más. Teníamos diálogos breves y rotundos. Éramos hombres, es decir austeros.</p>
<p>Todos los años me  echaban del colegio. Él escuchaba al señor rector como si lloviera. De vuelta a casa me daba un papel con una dirección. -<em>Mañana vas a inscribirte</em>, me decía entregándome el papelito. Yo empezaba el nuevo año en otro lugar. La historia volvía a repetirse. Siempre igual. Nos mirábamos uno al otro pero jamás al mismo tiempo. Éramos hombres, es decir ciegos.</p>
<p>Una madrugada me llevaron en cana en un recital de Papo. Había minitas y yerba colombiana. Me dejó hasta la noche siguiente. Nunca supe por qué. Volvimos en el auto sin decirnos una palabra. En la vereda apoyó su mano sobre mi hombro. Pesaba una tonelada. -<em>Hacé lo que creas que tenés que hacer</em>, me dijo. – <em>Pero hacete cargo de las consecuencias.</em> Me apretó el brazo. Hizo una pausa antes de hablar. Quería que yo sintiera el apretón. Pesaba una tonelada. -<em>Tu madre no tiene por qué enterarse. ¿Estamos?</em> Apenas nos tocábamos y siempre con extrema prudencia. Éramos hombres, es decir mancos.</p>
<p>Sobre mi escritorio hay una foto donde él me entrega el título de médico en el aula magna de la facultad. Los dos estábamos incómodos. Yo quería salir corriendo. Él lo sabía. Veo su mano detrás de mi cabeza sosteniéndome para evitar la huida. Con la otra me ofrece una cartulina enrollada atada con una cintita con los colores de la bandera argentina. Ninguno de los dos se adaptaba a la celebración ni a las multitudes. –<em>Tranquilo, te felicito. Estoy orgulloso de vos</em>. Me dijo acercando su boca a mi oído. No volvimos a hablar del tema. A la mañana siguiente encontré sobre la cama un Littman Cardiology edición limitada y un vale de la Editorial Panamericana. No nos felicitábamos por lo que considerábamos nuestra obligación. Éramos hombres, es decir fugitivos de la fiesta y las demostraciones.</p>
<p>Muchos años más tarde nació mi primer hijo. Él llegó con un paquetito de regalo. Lo miró durante un rato largo a través del vidrio de la nursery. Me abrazó. No me dejaba soltarlo. Supe que estaba llorando. Esperé. Hice tiempo entre sus brazos poderosos hasta que la respiración se fue normalizando. No lo miré a los ojos. Se dio vuelta y se fue por el pasillo. Volvió con dos cafés en vasos de plástico. Era su modo de agradecer mi discreción. Éramos hombres, es decir mutilados emocionales.</p>
<p>Una noche entré corriendo a su casa. Lo encontré tirado sobre el piso del comedor. Tenía los ojos abiertos y las manos cruzadas sobre el pecho. Me agaché. Levanté su cabeza y la abracé con una fuerza que no sabía que tenía. Antes de bajarle los párpados lo miré de frente. Le dije: -<em>Te quiero viejo, perdoname</em>. Éramos hombres, y ya era tarde.</p>
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		<title>¿Qué quieren los pacientes?</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 14:26:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medicina]]></category>

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		<description><![CDATA[Las críticas al modelo médico parecen no registrar las transformaciones del presente. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué podemos hacer? Correr hacia ninguna parte Abraham Maslow cuenta una curiosa historia de la que ignoro si es autor: Cierta vez un hombre completamente ebrio regresaba a su casa en la madrugada cuando se da cuenta que había extraviado [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/peresz.bureaucrats.gif"><img class="alignright size-medium wp-image-2572" title="peresz.bureaucrats" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/peresz.bureaucrats-300x234.gif" alt="" width="300" height="234" /></a>Las críticas al modelo médico parecen no registrar las transformaciones del presente. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué podemos hacer?</p>
<p><strong>Correr hacia ninguna parte</strong></p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Abraham_Maslow">Abraham Maslow </a>cuenta una curiosa historia de la que ignoro si es autor:</p>
<p>Cierta vez un hombre completamente ebrio regresaba a su casa en la madrugada cuando se da cuenta que había extraviado la llave. Cruzó a la acera vecina y, bajo la luz del único faro encendidol, comenzó a buscar meticulosamente en el piso. Un vecino que pasaba por el lugar le pregunta:</p>
<p><em>- ¿Qué es lo que haces aquí a estas horas?<br />
- Busco la llave de mi casa que he perdido.<br />
- ¿Y la has perdido en este lugar?<br />
- No, de ninguna manera, ni siquiera he pasado por acá en mi camino.<br />
- ¿Entonces por que la buscas acá?<br />
- Pues por que acá hay luz, por supuesto.</em></p>
<p style="text-align: left;">Es posible que todo médico que ejerza su profesión en estos días se haya planteado alguna vez este interrogante: ¿Qué quieren los pacientes?</p>
<p style="text-align: left;">La desorientación respecto de qué es enfermedad y qué salud se instala a ambos lados del escritorio. Entrenados en el reconocimiento de los signos “duros” de la patología como hecho biológico, en la búsqueda meticulosa de los indicadores objetivos, los médicos nos enfrentamos a diario con demandas de la gente que no encuentran satisfacción con uno ni otro criterio. Este conflicto permanente entre lo que sabemos buscar y lo que los pacientes pretenden encontrar se expresa a diario en la frustración que ambos experimentan sobre el acto médico tal como lo concebimos hasta hoy.</p>
<p style="text-align: left;">Gran parte de las consultas son la puesta en escena  -a menudo de un modo patético- de alguien que busca donde no está aquello que ha perdido en otro lugar. Tal parece que en esos casos: o la enfermedad es más de lo que los médicos identificamos como tal, o las personas acuden a la consulta por motivos que no son enfermedades. O la definición de enfermedad se expande como una mancha de aceite dando lugar a la medicalización de todo cuanto sucede, o la sociedad debería ofrecerse pautas de reconocimiento de esos “otros problemas”con los que aquella se confunde.</p>
<p style="text-align: left;">Nadie discute los excesos de la <em>&#8220;medicalización</em>&#8221; pero nadie denuncia la barbarie de la<em> &#8220;psicologización&#8221;</em>. Una no es menos nefasta que la otra. Sin embargo se extiende sobre esta última un silencio protector que la invisibiliza y pareciera relevarla de la necesidad de mostrar pruebas acerca de la efectividad de sus intervenciones. El despilfarro en salud se mide todos los días en cifras contundentes. Pero, ¿alguien podría mostrar los números del fenomenal monto de dinero de la gente que una sociedad como la argentina invierte en asistencia psicológica sin ninguna demostración científica de su beneficio?</p>
<p style="text-align: left;">Es lícito pensar que, disueltas otras instancias donde las personas encontraban el apoyo, el consuelo y hasta la reparación del daño, la Medicina ha quedado como él único espacio que aún ilumina un vasto territorio de oscuridad cultural.</p>
<p style="text-align: left;">También podría pensarse que, sometida la relación entre médicos y pacientes a transformaciones estructurales de las que ni uno ni otro son responsables, aquello que se encontraba antiguamente en la consulta médica es actualmente algo imposible de hallar.</p>
<p style="text-align: left;">Entrevistas acortadas hasta su mínima expresión, insatisfacción laboral, burocratización del trabajo del médico, pérdida de la autonomía profesional, remuneraciones indignas, barreras a la imprescindible capacitación, carencia de formación en habilidades comunicativas, imposibilidad de una escucha sincera, en fin, la institucionalización de la “consulta video clip” conforman un ambiente particularmente inapto para el contacto intersubjetivo entre personas. Aunque, como la mayoría de las veces, es probable que el problema sea mucho más complejo que las pobres hipótesis con que intentamos explicarlo. Nada impide suponer que ambos motivos, y aún muchos otros posibles, convivan a la hora de encontrar explicaciones verdaderas.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El Golem, El Quijote y los relojes blandos:</strong></p>
<p style="text-align: left;">La velocidad como rasgo esencial de las relaciones humanas, la líquida fluidez de los vínculos superficiales, la sustitución de la mirada humanizada por el <em>tecno-ojo</em> protésico, la degradación de la palabra como instrumento de conocimiento no podrían generar otros resultados. Pero, lejos de lo que la crítica superficial y el prejuicio sobre el modelo médico suelen opinar, estos rasgos de fragilidad implícita del vínculo afectan por igual a médicos y a pacientes victimizando solidariamente a ambos.</p>
<p style="text-align: left;">Ya no es cierto – al menos como generalización – que se llegue a la consulta en busca de una relación profunda y un conocimiento mutuo. No es verdad que siempre se reclame un espacio de sosiego y de escucha recíproca y, ambos, estén dispuestos a invertir el tiempo necesario para construirlo.</p>
<p style="text-align: left;">Tradicionalmente los médicos han recibido -muchas veces con razón- las críticas más duras respecto de su incapacidad para escuchar, para generar esos espacios de intercambio reflexivo que la gente supuestamente reclamaba. Hoy esas afirmaciones ya no serían posibles como regla general. No por que el médico haya adquirido habilidades superadoras de su tradicional hegemonía en la relación, sino más bien por que ya pocos pacientes las reclaman.</p>
<p style="text-align: left;">Es incómodo y hasta irreverente formular una crítica de la crítica, una metacrítica capaz de irritar a alguien. Nos condena a la descalificación cualquier intento de cuestionar acusaciones que, originadas en razones verdaderas, hoy se repitne automáticamente pese a las intensas transformaciones que las razonesen su momento las motivaron han sufrido. ¿No valdrá la pena pensarlo un poco antes de descartarlo sin más?</p>
<p style="text-align: left;">Hoy, (como un Golem que devora a su propio creador), son los pacientes, &#8211; ahora<em> im-pacientes</em> -, los que reclaman resultados rápidos, sin esfuerzos personales, sin interrupciones indeseables al vértigo de sus propias existencias. Sumergidos en las mismas aguas tormentosas, médicos y pacientes, flotan en la deriva de un eterno presente.</p>
<p style="text-align: left;">Ya pocos reclaman evitar el naufragio ya que no hay viaje hacia ninguna parte. Nadie sabe exactamente hacia dónde se dirige. Ya nadie pide el acompañamiento hasta la tierra firme de la otra orilla desde que no hay ninguna otra orilla. En un puro devenir, navegantes de la inmediatez absoluta, sólo nos resta acompañarnos mutuamente en el vértigo y la ceguera.</p>
<p style="text-align: left;">Es cierto que la tradicional actitud paternalista del médico no facilita la transformación de un paciente en un sujeto activo, comprometido con su tratamiento y autocuidado. Pero no es menos cierto que actualmente muchos enfermos demandan soluciones que los eximan de ese compromiso.</p>
<p style="text-align: left;">El lugar del esfuerzo personal, del trabajo sobré sí mismo para el logro de metas, se diluye en una serie de reclamos de respuestas inmediatas y a menudo ilusorias que los releven de ese esfuerzo.</p>
<p style="text-align: left;">Una nueva clase de pacientes llega a los consultorios aunque, ni tan nueva, ni tan sólo de pacientes, un nuevo orden de individuos habita nuestras sociedades. El tiempo como escenario del esfuerzo sostenido, como requisito ineludible para cualquier logro futuro, parece haber  desaparecido para dar lugar a un cortocircuito vital que, ignorándolo, habilita una supuesta <em>“vía reggia”</em> entre el deseo y su inmediata satisfacción. El futuro también se desdibuja y es absorbido por un presente imperativo que demanda resultados instantáneos.</p>
<p style="text-align: left;">Es sintomático que desde diversas áreas se reclame simultáneamente por la falta de contracción al esfuerzo personal tendiente al logro de objetivos. Padres y maestros son ejemplos de sectores que nos advierten sobre este fenómeno. Cuando los fracasos escolares producen como respuesta la presión social para que se bajen las exigencias escolares, algo muy preocupante debe estar ocurriendo. Algo no tan distinto de lo que se demanda como respuesta a los excesos en la conducta alimentaria, el trabajo, la deprivación de sueño, el tabaco. Participamos de la ilusoria utopía de encontrar remedio a las consecuencias de nuestra propia conducta sin actuar sobre la causas que las originan. Sin embargo la hora de las explicaciones ingenuas y las recetas culpabilizadoras parece haber llegado a su fin.</p>
<p style="text-align: left;">Incluso en patologías crónicas graves como la HTA o la Diabetes se observa una tasa de abandono del tratamiento verdaderamente alarmante. La propia naturaleza de una enfermedad crónica queda definida por el intervalo prolongado entre la causa -o la exposición al factor de riesgo- y la aparición de sus consecuencias. Este retardo, inherente a toda enfermedad de largo curso, impide a muchos pacientes, pero también a muchos médicos, construir una representación sólida de los nexos causales entre la enfermedad y sus complicaciones.</p>
<p style="text-align: left;">Restricciones progresivas al tiempo de consulta y demanda de soluciones inmediatas constituyen una perfecta garantía para el fracaso terapéutico en enfermedades crónicas o en situaciones de riesgo potencial.</p>
<p style="text-align: left;">¿Cómo actuar hoy para obtener beneficios lejanos en el tiempo?</p>
<p style="text-align: left;">¿Cómo obtener representaciones eficaces de las consecuencias que el presente teje sobre el futuro?</p>
<p style="text-align: left;">¿Cómo construir conciencia del encadenamiento temporal de la historia de una persona en un mundo de acontecimientos inconexos y de temporalidad fragmentaria?</p>
<p style="text-align: left;">No es infrecuente la incomprensión de la necesidad de organizar estrategias que contemplen cambios conductuales y tratamientos farmacológicos de manera articulada. Tampoco resulta excepcional que muchos pacientes prefieran los segundos a los primeros y, al cabo de poco tiempo, abandonen ambos. Cada vez más se percibe la necesidad de que la medicina se capacite para organizar recursos contraculturales que permitan revertir las conductas enfermizas de nuestros días.</p>
<p style="text-align: left;">¿Es la falta de adherencia a la prescripción un fenómeno de des-obediencia?</p>
<p style="text-align: left;">¿Es el fracaso en el control de enfermedades crónicas un tema de carencia de recursos?</p>
<p style="text-align: left;">Ciertamente los médicos tenemos mucho para hacer, mucho por aprender pero, alguien debería mencionar que los parámetros culturales que rigen la sociedad no son impuestos por los médicos y que resulta a todas luces excesivo asignarles la tarea de modificarlos o responsabilizarlos por el fracaso en el control de sus dramáticas consecuencias.</p>
<p style="text-align: left;">De las numerosas contradicciones que el ejercicio actual de la Medicina plantea hemos mencionado, y de manera completamente superficial, sólo dos casos:</p>
<p style="text-align: left;"><strong>1.</strong> Como el Hidalgo Caballero que tomaba los rebaños por ejércitos, con frecuencia tomamos malestares sociales por enfermedades y luego cuantificamos los fracasos sin percibir la diferencia.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>2.</strong> En otra dimensión, la de las enfermedades crónicas más prevalentes y devastadoras del escenario epidemiológico en que nos toca vivir, médicos y pacientes aplicamos o reclamamos, resultados inmediatos sobre cuestiones inexorablemente alejadas en el tiempo.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>3.</strong> La aplicación de estrategias útiles en patologías agudas al universo de las enfermedades crónicas es un grave equívoco sobre el que deberíamos reflexionar con mayor frecuencia.</p>
<p style="text-align: left;">En un momento de transformaciones aceleradas y relojes blandos sería prudente detenernos un momento y, contradiciendo la tendencia general, volver la mirada sobre nuestra propia práctica y dedicarnos a pensar/nos.</p>
<p style="text-align: left;">El escaso tiempo y la velocidad, causas evidentes del problema que planteamos, no pueden, no deben, ser admitidos como excusas para no hacerlo.</p>
<p style="text-align: left;">La imagen de un tiempo desdibujado y frágil, el vértigo centrífugo de una existencia que disuelve la posibilidad de la pausa reflexiva no deberían clausurar el ejercicio prudente de la razón ni la firme decisión de sustraerse a la seducción de los abismos.</p>
<pre>* Imagen: "La burocratización de la Medicina", José Pérez.
    National Library of Medicine</pre>
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		<title>Pájaros en la cabeza</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 21:38:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Estuve casi una hora haciendo tiempo para una entrevista. Me quedé en el auto escuchando las Gimnopedias de Erik Satie bajo la sombra del Parque Avellaneda. Cerré los ojos y se me ocurrió una idea para un relato. Lo fui escribiendo mentalmente palabra por palabra. Me dejé llevar. La historia se desencadenó mediante una extraña [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/pajor.cabeza1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2563" title="pajor.cabeza" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/pajor.cabeza1-290x300.jpg" alt="" width="290" height="300" /></a>Estuve casi una hora haciendo tiempo para una entrevista. Me quedé en el auto escuchando las Gimnopedias de Erik Satie bajo la sombra del Parque Avellaneda. Cerré los ojos y se me ocurrió una idea para un relato. Lo fui escribiendo mentalmente palabra por palabra. Me dejé llevar. La historia se desencadenó mediante una extraña partenogénesis. Fluyó como una saliva espesa que chorreara por mi boca sin que yo pudiese controlarla. Un médico a punto de jubilarse recibía a su hijo que volvía a su ciudad recién recibido en la Universidad de Rosario. Fui construyendo a los personajes con jirones de mi viejo y de mí mismo. Compartían las mañanas en el hospital, la tarde en el consultorio, cirugía tres veces por semana. Visitaban a sus pacientes caminando juntos en las tardes ardientes del verano. Suponían que compartían una profesión y un pasado común. Imaginaban un traspaso lento, progresivo y sereno. Una evolución natural entre alguien que se retira y deja su lugar al heredero. Pero no fue así. Vivían en mundos diferentes. Sabían cosas distintas. Creían en principios irreconciliables. Los hechos mostraban el conflicto. Me gustaba lo que se iba escribiendo en mi imaginación. Bajé del auto. Tuve la entrevista. A la vuelta manejé despacio escuchando otra vez a Satie. Repetí el texto que guardaba en mi memoria. Me lo fui susurrando sobre un fondo de piano. Lo sentí ajeno, vulgar. La historia me pareció tonta e insustancial. Ahora necesito borrarlo. Deshacerme de él. Aniquilarlo. Me perturba. Me avergüenza. Algunas frases todavía zumban en mis oídos. Yo les apunto al corazón. Disparo. Van cayendo como palomas heridas. Me encargaré de ellas. No va a quedar  ninguna. El piso se llenará de cadáveres. Quiero vaciarme de esa estúpida idea. Yo no sé escribir. No puedo permitir que mi fantasía alimente sueños imposibles. Si yo supiera quién soy ningún pájaro de mierda me rondaría la cabeza.</p>
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		<title>37 estudios innecesarios (y su contexto clínico) (I)</title>
		<link>http://www.laverdadyotrasmentiras.com/medicina/37-estudios-inecesarios-su-contexto-clnico/</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 16:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medicina]]></category>

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		<description><![CDATA[Acabo de editar un artículo publicado en “The Annals of Internal Medicine” que sospecho traerá debate en muchos países. Les propongo una síntesis del trabajo primero y mis comentarios personales en otra entrega. Si tienen ganas lo discutimos entre todos. El American College of Physicians convocó a un grupo de trabajo de especialistas en medicina [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/Dr.estudiantes-large.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2551" title="Dr.estudiantes-large" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/02/Dr.estudiantes-large-300x297.jpg" alt="" width="300" height="297" /></a>Acabo de editar un artículo publicado en “<a href="http://www.annals.org/content/156/2/147.abstract?aimhp">The Annals of Internal Medicine</a>” que sospecho traerá debate en muchos países. Les propongo una síntesis del trabajo primero y mis comentarios personales en otra entrega. Si tienen ganas lo discutimos entre todos.</p>
<p>El <a href="http://www.acponline.org/">American College of Physicians </a>convocó a un grupo de trabajo de especialistas en medicina interna con el objetivo de identificar pruebas de pesquisa y diagnóstico frecuentes en medicina que, según su criterio, se sobreutilizan. Identificaron 37 estudios (y sus contextos clínicos) que a su juicio se emplean sin suficientes evidencias científicas de su utilidad. Postulan la adopción del concepto de <strong>“atención de alto valor con conciencia de los costos”</strong>.  Definen a esta categoría como: “La evaluación cuidadosa de los beneﬁcios, los daños y los costos de una prueba diagnóstica a fin de determinar si su valor es esencial para conservar la calidad de la atención y al mismo tiempo reducir los costos”. La idea se basa en algunos principios generales que merecen una lectura reflexiva:</p>
<p>1.           Es fundamental distinguir entre<strong> costo</strong> y <strong>valor</strong>.<br />
2.           Los esfuerzos para controlar los costos se deben centrar sobre el valor más que sobre el costo.<br />
3.           En la atención de <strong>“gran valor”</strong> los beneficios de una intervención justifican sus daños y sus costos.<br />
4.           Una prueba <strong>NO</strong> se deben efectuar si los resultados no cambiarán el tratamiento.<br />
5.           Cuando la probabilidad de enfermedad es baja, es más probable un resultado falso-positivo que un resultado positivo verdadero.<br />
6.           El verdadero costo de una prueba incluye también los costos posteriores en los que se incurre por haberla efectuado.</p>
<p><strong>Ejemplos: </strong><br />
a.       Una intervención cara, pero de gran valor, es el tratamiento antirretroviral para la infección por el VIH.</p>
<p>b.      Pruebas de poco costo y escaso valor son la prueba de Papanicolaou anual (en relación con la prueba efectuada cada tres años) para mujeres de bajo riesgo y la radiografía de tórax preoperatoria en personas asintomáticas y sanas.</p>
<p>El grupo de trabajo considera que en estas 37 situaciones identificadas, más pruebas, en lugar de mejorar la situación, no proporcionan más beneficio o pueden ser perjudiciales.</p>
<p><strong>37 situaciones clínicas en las que una prueba NO refleja atención de &#8220;alto valor&#8221;.</strong></p>
<p>1. Repetir la ecografía de pesquisa para el aneurisma de la aorta abdominal tras un estudio negativo.<br />
2. Efectuar la arteriografía coronaria en pacientes con angina crónica estable con síntomas bien controlados por el tratamiento médico o que carecen de criterios específicos de alto riesgo en la prueba de esfuerzo.<br />
3. Realizar un ecocardiograma en pacientes asintomáticos con soplos cardíacos inocentes, en general soplos grado I–II/VI mesosistólicos breves que se escuchan a lo largo del borde esternal izquierdo.<br />
4. Efectuar un ecocardiograma periódico en pacientes asintomáticos con estenosis aórtica leve en lapsos inferiores a 3-5 años.<br />
5. Repetir sistemáticamente el ecocardiograma en pacientes asintomáticos con insuficiencia mitral leve y ventrículo izquierdo con tamaño y función normales.<br />
6. Obtener electrocardiogramas para la pesquisa de cardiopatía en pacientes con bajo riesgo de enfermedad coronaria.<br />
7. Obtener un electrocardiograma de esfuerzo como pesquisa en adultos asintomáticos de bajo riesgo.<br />
8. Realizar una prueba de esfuerzo con estudios por imágenes (ecocardiográfica o nuclear) como prueba diagnóstica inicial en pacientes con enfermedad coronaria conocida o presunta que pueden hacer ejercicio y no tienen trastornos electrocardiográficos en reposo que puedan interferir con la interpretación de los resultados de la prueba.<br />
9. Medir el péptido natriurético cerebral en la evaluación inicial de pacientes con signos típicos de insuficiencia cardíaca.<br />
10. Efectuar la pesquisa anual de la lipidemia en pacientes que no reciben hipolipemiantes o tratamiento dietético cuando no hay motivos para el cambio de su lipidograma.<br />
11. Emplear la resonancia magnética (RM) en lugar de la mamografía como prueba de detección de cáncer de mama para mujeres con riesgo promedio.<br />
12. En mujeres asintomáticas con cáncer de mama ya tratado, efectuar hemogramas completos, estudios bioquímicos, estudios de marcadores tumorales, radiografía de tórax o estudios por imágenes que no sean los adecuados.<br />
13. Realizar la densitometría para la osteoporosis en mujeres menores de 65 años sin factores de riesgo.<br />
14. Efectuar pruebas de pesquisa en personas con bajo riesgo de infección por el virus de la hepatitis B.<br />
15. Efectuar pruebas de detección del cáncer de cuello uterino en mujeres de bajo riesgo mayores de 65 años que han sufrido histerectomía total (útero y cuello) por enfermedad benigna.<br />
16. Pesquisa para el cáncer colorrectal en adultos mayores de 75 años o en adultos con expectativa de vida menor de 10 años.<br />
17. Repetir la colonoscopia dentro de los 5 años de una colonoscopia anterior en pacientes asintomáticos que tienen adenomas de bajo riesgo.<br />
18. Pruebas de detección del cáncer de próstata en hombres mayores de 75 años o con expectativa de vida menor de 10 años.<br />
19. Emplear los valores del antígeno CA-125 para la pesquisa de cáncer de ovario en ausencia de riesgo aumentado.<br />
20. Efectuar estudios por imágenes en pacientes con lumbalgia inespecífica.<br />
21. Efectuar radiografía de tórax preoperatoria cuando no hay presunción clínica de patología intratorácica.<br />
22. Indicar exámenes complementarios preoperatorios sistemáticos, tales como hemograma completo, hepatograma y pruebas metabólicas en pacientes por lo demás sanos que serán sometidos a cirugía programada.<br />
23. Realizar estudios de coagulación preoperatorios en pacientes sin factores de riesgo ni trastornos conocidos predisponentes de hemorragia y con antecedentes negativos de hemorragia.<br />
24. Efectuar pruebas serológicas por presunta enfermedad de Lyme temprana.<br />
25. Efectuar pruebas serológicas para enfermedad de Lyme en pacientes con síntomas crónicos inespecíficos y sin evidencia clínica de enfermedad de Lyme diseminada.<br />
26. Efectuar estudios por imágenes sinusales para pacientes con rinosinusitis aguda en ausencia de factores predisponentes de causas microbianas atípicas.<br />
27. Efectuar estudios por imágenes en pacientes con migraña clásica, recidivante examen neurológico normal.<br />
28. Efectuar estudios por imágenes cerebrales (TC o RM) para evaluar el síncope simple en pacientes con examen neurológico normal.<br />
29. Realizar un ecocardiograma sistemático para evaluar el síncope, a menos que la anamnesis, el examen físico y el electrocardiograma no proporcionen el diagnóstico o se sospeche una cardiopatía subyacente.<br />
30. Efectuar una radiografía de tórax antes del alta a pacientes hospitalizados con neumonía extrahospitalaria que tienen recuperación satisfactoria.<br />
31. Obtener una TC en un paciente con neumonía confirmada por radiografía de tórax en ausencia de complicaciones clínicas o radiográficas.<br />
32. Realizar estudios por imágenes en lugar de una medición de dímero D de alta sensibilidad como prueba diagnóstica inicial en pacientes con baja probabilidad de tromboembolia venosa.<br />
33. Medir el dímero D en lugar de efectuar los estudios por imágenes adecuados (ecografía de las extremidades, arteriografía por TC o gammagrafía de ventilación perfusión), en pacientes con probabilidad alta o intermedia de tromboembolia venosa.<br />
34. Efectuar estudios por imágenes para el seguimiento de nódulos pulmonares  ≤4 mm descubiertos incidentalmente en personas de bajo riesgo.<br />
35. Controlar a los pacientes con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica con todas las pruebas de función pulmonar, incluidos los volúmenes pulmonares y la capacidad de difusión en lugar de la espirometría sola (o el control de la tasa de flujo espiratorio máximo en el asma).<br />
36. Efectuar la prueba de anticuerpos antinucleares en pacientes con síntomas inespecíficos, como fatiga y mialgia o en pacientes con fibromialgia.<br />
37. Pesquisar la enfermedad pulmonar obstructiva crónica con espirometría en personas sin síntomas respiratorios.</p>
<pre><strong>Referencias:</strong>
Appropriate Use of Screening and Diagnostic Tests to Foster High-Value, Cost-Conscious CareAmir Qaseem, MD, PhD, MHA; Patrick Alguire, MD; Paul Dallas, MD; Lawrence E. Feinberg, MD; Faith T. Fitzgerald, MD; Carrie Horwitch, MD, MPH; Linda Humphrey, MD, MPH; Richard LeBlond, MD; Darilyn Moyer, MD; Jeffrey G. Wiese, MD; and Steven Weinberger, MDhttp://www.annals.org/content/156/2/147.abstract?aimhp</pre>
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		<title>La hipótesis más bella del mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 01:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medicina]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace un tiempo en el grupo con que trabajo nos hemos puesto a estudiar la intimidad subcelular de las enfermedades cardiovasculares con rigor sistemático. Empezar es arduo, avanzar es lento, pero cuando accedés a las claves del lenguaje de los genes y las moléculas tu adicción ya está desatada. Hay una belleza implícita en [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/sinapsis.dedos_.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2517" title="sinapsis.dedos" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/sinapsis.dedos_-300x230.jpg" alt="" width="300" height="230" /></a>Desde hace un tiempo en el grupo con que trabajo nos hemos puesto a estudiar la intimidad subcelular de las enfermedades cardiovasculares con rigor sistemático. Empezar es arduo, avanzar es lento, pero cuando accedés a las claves del lenguaje de los genes y las moléculas tu adicción ya está desatada. Hay una belleza implícita en todo lo que vas descubriendo. No sólo aprendés, gozás. Como cuando mi viejo me abrió las orejas a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Karlheinz_Stockhausen">Stockhausen</a> y su música dejó de ser un ruido. O como aquella tarde de Julio en que una mujer con acento eslavo me desveló para siempre el mundo que se escondía detrás de las manchas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mark_Rothko">Mark Rothko</a>. O aquellas vacaciones de lectura compulsiva en las que por fin comprendí la respuesta que me había dado mi abuelo cuando yo tenía doce años y le pregunté por qué leía siempre el mismo libro. –<em>Se llama “<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ulises_%28novela%29">Ulises</a>”, lo escribió un irlandés de Dublin. Llevo treinta años leyéndolo hasta la última página para volver a empezar. Pero todavía no puedo terminarlo.</em> Se trata de esa clase de placer al que sólo se accede con esfuerzo. La ciencia también es un país exquisito. Claro que no lo explica todo, pero sólo el falso conocimiento lo hace. Las fronteras entre saberes son corrales para corderos. La única disciplina posible es la indisciplina. Anfibios que nadan o caminan según el terreno donde les toque moverse. Eso deberíamos ser pese a tanto idiota que tira del freno para romperte la boca. Transitar a campo traviesa saltando los alambrados como locos sinestésicos. La biología profunda también puede sonar como el coral de Carmina Burana. Artistas y científicos abren las puertas a los múltiples significados del universo. Cada uno busca el modo de expresar lo real de manera que encuentre su sentido. Los alfabetos con los que se puede leer o escribir lo que está allí afuera son diversos e irrespetuosos. Entre los nanomundos y las sonatas de Shubert no hay más distancia que la estupidez de los comisarios culturales. Hay menos diferencias entre el dedo divino y el de Adán sobre el techo de la Capilla Sixtina y el contacto sutil entre dos neuronas en una sinapsis de las que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_%C3%81ngel">Miguel Ángel</a> podría haber imaginado jamás. Nos pasamos muchos sábados entre moléculas y cromosomas. No somos menos ignorantes pero somos más felices. Nuestras ideas previas se modifican. Lo simple se nos revela complejo. Buenos y malos intercambian posiciones. El <em>“abnegado”</em> oxígeno se convierte en <em>serial killer</em> en las especies reactivas de la oxidación. El <em>“salvador”</em> óxido nítrico puede ser un veneno mortal cuando sus mecanismos reguladores claudican y se acumula sin control como en el shock séptico. En lo infinitamente pequeño algunas de las paradojas encuentran por fin explicaciones. Es apasionante desentrañar los secretos de lo vivo. De la adaptación exitosa que llamamos vida al fracaso adaptativo que llamamos muerte. Todavía no sabemos nada. Pero ya hemos confirmado la hipótesis más bella del mundo, Dios no existe.</p>
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		<title>Tres canciones tristes para un hombre mudo</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 23:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/lucien.freud_.hombreacostado.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2505" title="lucien.freud.hombreacostado" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/lucien.freud_.hombreacostado-300x238.jpg" alt="" width="300" height="238" /></a>Estás acostado sobre la cama con las manos detrás de la nuca escuchando <em>“<a href="http://youtu.be/eq4OqGDGr0k">I Don&#8217;t Like The Man I Am”</a></em> de Pete Molinari. Una balada que te pone triste pero que no podés dejar de escuchar. Hay un eco de Bob Dylan detrás de la voz de ese inglés cuyas raíces llegan desde Egipto y de la Isla de Malta. Las aspas del ventilador de techo giran empujando el aire caliente sobre tu cuello. Producen un zumbido que suena como un bajo continuo a espaldas de la música. Todo es como siempre ha sido. Una tarde de un domingo cualquiera. La sombra siniestra del crepúsculo se acerca. Vos te armás de coraje para enfrentarla. Entonces se  produce una grieta. Una mínima fisura quiebra el cristal de lo cotidiano. No es algo espectacular, ni dramático, ni ostentoso. Apenas un gesto, un parpadeo, una sutileza de la entonación, una frase trivial de un correo electrónico que vuelve a tus oídos. El aleteo de las alas de una mariposa. El grito del chajá en la <em>“Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”</em> de J.L. Borges. Como Alicia, sin saber cómo, te encontrás al otro lado del espejo. A través de esa minúscula ruptura advertís un mundo detrás del único que conocías. Siempre hay una mujer. Como en todas las cosas que tienen valor. Como en todo lo que importa. Legal o clandestina, da igual. Ninguna dicha se construye o se desmorona sin que haya una mujer detrás. La mirás a los ojos reales o imaginarios. Todo dura menos que un instante. Lo que ves te estremece. Es insoportable. Tenés una revelación.</p>
<p>Ninguna mujer es la imagen que de ella vive en tu cabeza. Amamos fantasmas en sus cuerpos. Te ofrecen sus pechos para que puedas lamer los pezones de otra. Abren las piernas para que entres en una que nunca será ella. Conocen tu error y lo callan con dignidad. Dejan que creas que la hembra que vive en tu mente y la que gime bajo tu cuerpo son la misma. Juegan el juego sin decirte cuáles son las reglas. Son libres y generosas. Nos protegen de la verdad. Saben que son dos. Una es imposible y la otra irremediable. Son astutas e inalcanzables. Guardan su secreto mucho mejor que vos los tuyos. Pero esa tarde encontrás a la segunda detrás de los ojos de la primera. Es todo tan rápido. Tan efímero. Dudás de que haya sucedido. Ni siquiera podés pensarlo. Es una sensación en el cuerpo. Una culebra trepando por tus vértebras con la cola helada y la cabeza hirviendo. Estás seguro, pero no sabés de qué. Ella, que siempre lo supo, ahora sabe que lo sabés vos. Te acordás de la noche en que tu viejo  te explicó qué quería decir <em>“<a href="http://youtu.be/4fk2prKnYnI">The Thrill is gone</a>”</em>, el misterioso nombre de una canción de B.B. King. –<em>Es un título conmovedor</em>- te dijo mientras apisonaba tabaco holandés en su pipa marinera. Vos no lo entendiste pero no te animaste a preguntarle. Él se dio cuenta. Te pasó su mano enorme por la cara y te dijo: -<em>No te preocupes, tarde o temprano vas entender. Yo ya no voy a estar para explicártelo. Por eso lo hago ahora.</em> Y acabás de comprenderlo. ¡Puta madre! Ahora entendés. Esa es la catástrofe.</p>
<p>Comienza una agonía. Al embrujo le sucede el silencio. Callar es lo único posible. Pueden ser días, años, toda la vida. El lenguaje se resiste a nombrar lo que no tiene remedio. Hablarán los cuerpos, las miradas, la actitud. El espacio en blanco que media entre dos palabras en un renglón se llenará de significados. Aparecerá en tu cama una mujer distinta. Ella sentirá vergüenza al verse descubierta. Vos ya no sentirás nada. Ahora que cada uno sabe quién es el otro por primera vez se sentirán extraños. Sobre tus hombros se planta el mundo. Todo empieza a pesarte. Estás cansado. La voluntad se licúa. Te ponés una almohada debajo de los pies. Le das un mordisco a la Sacher Torte que hizo para vos la señora Lina para quitarte el sabor amargo de la boca. El tiempo se hace lento, interminable. Te devoran los tentáculos de un hongo que sube desde tus piernas como si fueses un árbol. Estás condenado. Estirás el brazo para poner otra canción. Nick Cave &amp; PJ Harvey cantan para vos la bella “<em><a href="http://youtu.be/_KLiIUhKGrc">Henry Lee</a>”. “You won&#8217;t find a girl in this damn world / That will compare with me”</em>.  Cerrás los ojos para no volver a ver lo que ya has visto. Subís el volumen. Te duelen los huevos. Tu lengua se enrosca. Ya no podrás hablar. Te quedarás vacío y mudo como un muertito por siempre jamás.</p>
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		<title>Las delicias</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 12:03:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay una larga lista de cosas que te hacen la vida más feliz. Salir de paseo, cenar con amigos, ir al cine o al teatro. Reunirte con tu gente en cumpleaños, casamientos, bautismos, aniversarios. Bailar, cantar, hacer obritas de teatro casero. Jugar a “dígalo con mímica”, al truco o a la escoba de quince. Coincidir [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/familyeat.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-2488" title="familyeat" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/familyeat.jpg" alt="" width="223" height="156" /></a>Hay una larga lista de cosas que te hacen la vida más feliz. Salir de paseo, cenar con amigos, ir al cine o al teatro. Reunirte con tu gente en cumpleaños, casamientos, bautismos, aniversarios. Bailar, cantar, hacer obritas de teatro casero. Jugar a “dígalo con mímica”, al truco o a la escoba de quince. Coincidir alrededor de la mesa de la cocina para tomar mate y comer bizcochitos “Nueve de Oro”. Hacer un asado que comienza a las diez de la mañana cuando vas a comprar el carbón y el pan. Prender el fuego charlando sobre el nuevo campeonato de fútbol mientras te tomás un Cinzano con ingredientes. Las largas sobremesas repletas de anécdotas de la infancia. Las reuniones de ex compañeros del colegio o de la facultad. Salir de compras el domingo por la tarde a Paseo Alcorta. Lavar el auto sobre la vereda escuchando el partido a todo volumen. Regar las plantas. Plantar “alegrías del hogar” en prolijas matas multicolores. Arrancar con la mano los yuyos malos del jardín. Visitar a la tía vieja. Pasear el perro con una bolsita para recuperar sus excrementos. Sentarse en el living y mirar la tele comiendo mediaslunas calentitas y bolas de fraile de crema pastelera. Preparar una receta que viste en el canal Gourmet durante todo el día para agasajar a la familia por la noche. Leer las revistas dominicales de los diarios. Pintar el cuarto de los chicos. Revisar catálogos de decoración de interiores para elegir las nuevas cortinas. Hacer planes para las próximas vacaciones. Analizar los precios de los autos en los clasificados de Clarín. Ordenar fotos viejas escribiendo al dorso con marcador azul el año y el lugar. Mirar los videos de las fiestitas del preescolar. Juntar en bolsas de consorcio ropa y juguetes viejos de tus hijos para llevar al comedor “Los piletones”. Cambiar los cuadros de lugar buscando la mejor luz para cada uno. Comprar una cheesecacke en la panadería y aparecerte de visita en casa de la abuela. Cosas sencillas que hornean tus días al calor de los afectos y la cercanía de los otros. Paraísos domésticos que te confirman quién sos. ¿Cómo no iba a comprenderlo? Lo entiendo perfectamente. Pero, por favor, no me rompan las pelotas. Déjenme solo. Yo no quiero nada de eso.</p>
<div id="tweetbutton2485" class="tw_button" style="float:right;margin-left:10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.laverdadyotrasmentiras.com%2Fliteratura%2Flas-delicias%2F&amp;text=Las%20delicias&amp;related=&amp;lang=en&amp;count=horizontal&amp;counturl=http%3A%2F%2Fwww.laverdadyotrasmentiras.com%2Fliteratura%2Flas-delicias%2F" class="twitter-share-button"  style="width:55px;height:22px;background:transparent url('http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/plugins/wp-tweet-button/tweetn.png') no-repeat  0 0;text-align:left;text-indent:-9999px;display:block;">Tweet</a></div>

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		<title>Volver</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 00:07:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué hago acá después de tantos años? Hay un alboroto de pájaros en el parque del hospital. Me refugio bajo la sombra del monte de paraísos. Demoro en bajar del auto. Suena el silbido que anticipa al tren. El piso tiembla como en un terremoto hasta que los vagones se pierden con la proa hacia [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/rayo.tormenta1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2472" title="Lighting" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/rayo.tormenta1-300x187.jpg" alt="" width="300" height="187" /></a>¿Qué hago acá después de tantos años? Hay un alboroto de pájaros en el parque del hospital. Me refugio bajo la sombra del monte de paraísos. Demoro en bajar del auto. Suena el silbido que anticipa al tren. El piso tiembla como en un terremoto hasta que los vagones se pierden con la proa hacia el Oeste. La Martita todavía vende Chipá que protege de las moscas con un paño blanco inmaculado sobre un canasto de mimbre. Cuando el semáforo se pone rojo, se lo monta sobre su cabeza y camina en zigzag con un equilibrio de artista de circo entre el humo de los caños de escape. Miro este lugar donde han quedado tantas horas de mi vida. Lo recorro como un ojo detrás de la mira de un fusil. Voy y vengo por sus paredes descascaradas. Bajo al subsuelo con la mirada donde todavía debe oler a sopa y a jabón.</p>
<p>Al fondo, detrás de los talleres de automotores, estaba “la casita. Alguna vez había sido la residencia del director pero los milicos la habían convertido en un chupadero. Todos sabíamos lo que había ocurrido en ese chalet de dos plantas con techo de tejas a dos aguas y pileta de natación. Evitábamos pasar por allí. Jamás mirábamos en esa dirección. Nadie se animaba a hablar acerca de aquella casa del terror. Nos callábamos cuando algo aludía al tema. Pero nos mirábamos con los ojos mudos, húmedos de recuerdos. Cuando por algún motivo me veía obligado a acercarme pronunciaba en voz baja los nombres de nuestros compañeros que habían pasado por allí para no volver jamás. No podía evitarlo. Me parecía que una voz que no era la mía los nombraba a través de mi boca.</p>
<p>Allá al costado estaba la morgue escondida entre las matas de azucenas. Guardo tantas madrugadas bajo esos techos de chapa. Cada vez que un enfermo fallecía bajábamos hasta ese galpón sombrío. Tomábamos muestras de tejidos persiguiendo los motivos de la derrota. Queríamos saber. Soñábamos con robarle los secretos a la muerte. Ahora hay un estacionamiento de ambulancias y un depósito de tubos de oxígeno. Pero yo todavía veo la sombra de aquellas paredes grises y a los gatos rondando los tachos de basura.</p>
<p>¿Qué hago acá? ¿Por qué me hiciste llamar? ¿Justo a mí?</p>
<p>Vuelvo a recorrer con vos esos caminos de pedregullo que iban desde el edificio central hasta la morgue. Estaba oscuro, muy oscuro. La luna era apenas un reflejo amarillo asomando detrás de las nubes negras. Yo empujaba una camilla con un cuerpo aún caliente. Vos no podías parar de hablar. Era tu primera vez. Yo ya conocía el horror de ese trabajito. Me ayudaste a acomodarlo sobre la mesa de Morgagni. Estábamos tan sumergidos en los vapores del formol que apenas podíamos respirar. Casi no veíamos nada alumbrados por la luz mortecina de una lamparita que colgaba desnuda del techo. Vos cerrabas los ojos. Y hablabas, hablabas, hablabas. Me puse los guantes y te ofrecí un par. Sacaste las manos como si te fuesen a morder. Había sido tu paciente. Era un santiagueño que se llamaba Domingo. Sospechábamos una ruptura cardíaca con taponamiento peridárdico como desenlace de un infarto que  había sufrido todas las complicaciones posibles a lo largo una semana. Inserté una aguja en el pecho debajo del apéndice xifoides en dirección al hombro derecho. La jeringa se llenó de una sangre negra y espesa. Vos te pusiste pálida. Sudabas unas gotas chiquitas que te iluminaban la frente. Supe que te ibas a caer. Te sostuve a veinte centímetros del piso. Perdiste la conciencia. Un chorro caliente de orina se deslizó entre tus piernas hasta formar un charco bajo tus pies. Me causó gracia. No podía parar de reírme. Vos te despertaste y me puteaste en todos los idiomas. Me obligaste a darme vuelta mientras te sacabas la pollera y te ponías mi guardapolvo. Me hiciste pasar un trapo embebido en alcohol sobre el piso. Te acompañé hasta la habitación de médicos. Esperé un rato largo mientras te dabas una ducha. Escuchaba tus gritos insultándome desde el baño.</p>
<p>¿Qué hago acá? Hace años que no nos vemos. ¿Qué te voy a decir? Me siento un pelotudo. Encerrado dentro del auto mirando cada rincón guiado por la memoria sin animarme a bajar.</p>
<p>Con la mirada subo hasta la terraza repleta de nidos de paloma. Allí, esa misma noche de verano después de tu desmayo, nos tomamos una cerveza y después otra y otra más. Entonces la que se reía sin parar eras vos. Yo estaba mareado, apenas podía mantener el equilibrio. Nos desnudamos bajo las estrellas. Vos mirabas hacia abajo las luces de los coches sobre la avenida. Yo sentía el olor de tu piel con ese resabio a Iodopovidona que ninguno de los dos se podía sacar de encima. Se desató una lluvia torrencial. El cielo se iluminaba con cada relámpago. Nos pegábamos uno al otro esperando el estampido del próximo trueno. Entonces gritábamos como poseídos mirando al cielo. Se nos llenaba la boca de agua. Escupíamos globitos y sonidos líquidos hasta el borde de la asfixia. Nos limpiamos a grito pelado las sombras de la muerte y la incertidumbre de los primeros años. Entonces te pusiste a llorar. Te sacudías como una nena desconsolada. Yo no sabía qué hacer. Te abracé. Estábamos empapados. Me decías: -<em>“No voy a poder, nunca voy a poder”</em>- Un rayo cayó muy cerca. Todo pareció detenerse por un instante para volver a comenzar. La terraza se inundaba. Flotaban botellas vacías arrastradas por la corriente. Las copas de estos mismos árboles altísimos se doblaban hasta casi rozarnos las cabezas. Una ambulancia entró haciendo sonar la sirena seguida por dos patrulleros. Escuchamos los ruidos de las puertas, gritos, voces de mando. Vos seguías llorando y babeándome el pecho. Me pareció que si te besaba me estaría aprovechando de la situación. Pero me miraste a los ojos entre sollozos y me dijiste: &#8211; <em>“Besame idiota, ¿qué estás esperando?”</em>  Entré en vos sin pedirte permiso bajo el alero de la terraza y sobre un colchón de diarios viejos y mojados.</p>
<p>¿Qué hago acá? Esta mañana sonó el teléfono. ¿Cómo iba imaginar que se trataba de vos? –<em>“Doctor acá tenemos a una paciente en la sala de Emergencias que nos pidió que lo llamáramos a usted”.</em>- Cuando esté frente a vos tendré que saber qué voy a decirte. Somos otros. Los dos, somos otros. Pensé que ya no guardaba nada de aquel que fui mientras estábamos juntos. Pero todo a regresado intacto mientras busco el coraje para bajar del coche. ¡Puta madre! ¿Qué te voy a decir?</p>
<p>Bajo estos mismos árboles charlamos una noche sentados sobre el pasto. Nos fumamos un cigarrito de yerba de los que les vendía la custodia policial a los presos internados. Intenté convencerte pero fue inútil. –<em>“Me voy, esto no es para mí”-</em>. Y te fuiste. Dejaste la profesión en la que recién nos iniciábamos. A veces venías al hospital y me hacías llamar. No querías entrar. Yo te iba a buscar hasta la puerta y nos tomábamos unos cafés en el bar de Don Pastor. No nos decíamos nada. No sabíamos qué decirnos. Vos te ibas, yo me volvía a la guardia. Fui aprendiendo. De a poquito adquirí los vicios y las virtudes de este oficio. Vos me mandabas cartas escritas con letra chiquita y retorcida con varias hojas repletas de dibujos infantiles.</p>
<p>¿Qué carajo hago acá? Esa voz en el teléfono me dejó mudo esta mañana. –<em>“La paciente fue internada anoche. Ingresó en coma a consecuencia de una intoxicación barbitúrica. Es su segundo intento de suicidio por lo que hemos podido averiguar. Estuvo con asistencia respiratoria mecánica durante seis horas pero ahora está lúcida y respirando por sus propios medios. Insiste en que quiere verlo a usted y a ninguna otra persona más.”</em>-. Entonces me subí al auto y vine hasta acá. Corriendo. Enloquecido. Pero ahora no sé qué hacer. ¿Qué esperás que te diga? ¿Qué te hizo pensar en mí cuando despertaste esta mañana igual que aquella noche al lado de la mesa de autopsias? Tengo que subir hasta tu cama y mirarte a los ojos. Yo sé que me vas a decir como hiciste tantas veces: -<em>“Vos pudiste, yo no”</em>-. ¿Qué es lo que pude? ¿Qué es lo que no pudiste vos? No es momento para preguntas retóricas. Los dos sabemos de qué cosas no hemos sido capaces. Creo que mejor te voy a besar en la frente. Te voy a apretar la mano. Te voy a decir al oído: -<em>“Muñeca, ponete bien que esta noche te paso a buscar y nos volvemos a la terraza”.</em></p>
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		<title>El hospital como campo de batalla</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 15:45:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde hace muchos años venimos realizando investigaciones acerca de la violencia contra el personal sanitario. Hemos publicado varios trabajos de campo con datos de miles de colegas de diversos países de la región y de España. Un hospital es un escenario que –como tantos otros- reproduce en su microsociología lo que sucede más allá de [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/dra.pistola2.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-2463" title="dra.pistola2" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/dra.pistola2.jpg" alt="" width="293" height="252" /></a>Desde hace muchos años venimos realizando investigaciones acerca de la violencia contra el personal sanitario. Hemos publicado varios trabajos de campo con datos de miles de colegas de diversos países de la región y de España. Un hospital es un escenario que –como tantos otros- reproduce en su microsociología lo que sucede más allá de sus puertas. Médicos y enfermeras conviven con personas que traen los patrones conductuales y los valores del mundo en que viven. Cuidar de la salud de otros en condiciones de riesgo personal para la integridad física y psicológica es una tarea imposible. Los pasillos de los hospitales están repletos de héroes anónimos que, pese a las indignas condiciones de trabajo, se empeñan cada día en hacer lo que saben y quieren en un contexto que produce temor y desaliento. Contra todo pronóstico, cada mañana se ponen el guardapolvo y hacen lo que pueden. No buscan el éxito ni la fama. Nunca se harán ricos. Estudian durante todas sus vidas. En las madrugadas, mientras doblan gasa o esterilizan instrumental, o derrotando al sueño con una Coca tibia y una pizza fría en los gabinetes de las guardias. No debería ser necesario reclamar que se cuide a quienes nos cuidan. Parece absurdo, pero resulta imperioso hacerlo cuando todos los días son víctimas del abandono y la desprotección. Algo que muchos no conocerán jamás los mueve a continuar pese a todo. Algo profundo y sagrado que los hace abrir las puertas de las salas de Emergencias y decir cientos de veces: <em>-“Que pase el que sigue”.</em> Alguien debería hacerse responsable de inmediato de garantizar su seguridad. Hoy esos hombres y mujeres dispuestos al encuentro con un semejante que sufre saben que en cualquier momento se encontrarán con una pistola apuntando a sus cabezas.</p>
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		<title>Los pechos de Naomi y el resonador</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 17:43:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aflichten</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medicina]]></category>

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		<description><![CDATA[Mantuve una larga videoconferencia por Skype con un reconocido neurocientífico de UCLA. Hago una traducción casera de un fragmento desde mi inglés berreta a mi castellano semianalfabeto. Yo: Si la seducción y el cortejo son estrategias reproductivas de la especie, ¿para qué seguimos intentándolo una vez logrado ese propósito y hasta que la muerte nos detiene? [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/cerebro.hombre.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2433" title="cerebro.hombre" src="http://www.laverdadyotrasmentiras.com/wp-content/uploads/2012/01/cerebro.hombre-198x300.jpg" alt="" width="198" height="300" /></a>Mantuve una larga videoconferencia por Skype con un reconocido neurocientífico de <a href="http://www.bri.ucla.edu/">UCLA</a>. Hago una traducción casera de un fragmento desde mi inglés berreta a mi castellano semianalfabeto.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Si la seducción y el cortejo son estrategias reproductivas de la especie, ¿para qué seguimos intentándolo una vez logrado ese propósito y hasta que la muerte nos detiene?</p>
<p><strong>Él:</strong> Porque una conducta ancestral se establece como estereotipo y porque no es ése su único fin. La biología explica los orígenes, la cultura las modalidades.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Biología y cultura, ¡otra vez el maldito dualismo!</p>
<p><strong>Él:</strong> ¿Usted considera que el piano y la partitura también son una forma de dualismo?</p>
<p><strong>Yo:</strong> Dije <em>“dualismo”</em>. No todo par de cosas constituye una doctrina de pensamiento.</p>
<p><strong>Él:</strong> Es verdad. Me gusta conversar con usted porque se enoja cuando no está de acuerdo con lo que digo.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Si usted disfruta cuando yo me enojo, entonces mi enojo es inútil.</p>
<p><strong>Él:</strong> No, no es inútil. Su utilidad es que yo lo disfrute.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Prefiero ser yo quien decida el efecto de mis actos.</p>
<p><strong>Él:</strong> Eso es imposible cuando hay otra persona de por medio.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Mejor hablemos de ciencia. ¿Qué otra cosa busca la seducción si no es reproducirse?</p>
<p><strong>Él:</strong> Muchas, reconocimiento, compañía, contacto intersubjetivo, sexo.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Usted tiene una tendencia a armar las listas al revés.</p>
<p><strong>Él:</strong> No crea, el reconocimiento es fundamental para la salud mental y la supervivencia.</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Todos los buscamos?</p>
<p><strong>Él:</strong> Necesitamos reconocernos en el otro. Buscamos destacarnos, obtener records, etc.</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Records?</p>
<p><strong>Él:</strong> Sí algo que nos singularice, que nos haga únicos. ¿Usted tiene alguno?</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Contempla el Guiness el record de orgasmos?</p>
<p><strong>Él:</strong> Creo que no pero usted podría proponerlo.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Yo quisiera postularme. Jamás le he producido uno a ninguna mujer.</p>
<p><strong>Él:</strong> Nadie le ha producido un orgasmo a ninguna mujer. Los orgasmos son de ella.</p>
<p><strong>Yo</strong>: Entonces mi record no vale nada.</p>
<p><strong>Él:</strong> No, lo lamento mucho.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Usted ha propuesto una hipótesis compleja y multidimensional acerca del amor.</p>
<p><strong>Él:</strong> Sí, todavía es muy inmadura. Intenta basarse en pruebas pero admitiendo que la ciencia no está en condiciones de estudiar lo más trascendente acerca del amor.</p>
<p><strong>Yo:</strong> Es un límite y es muy honesto reconocerlo.</p>
<p><strong>Él:</strong> Todos los investigadores lo hacen. Nadie que investigue nada puede ignorar sus límites.</p>
<p><strong>Yo:</strong> No crea, en mi país hay más psicoanalistas que perros o gatos.</p>
<p><strong>Él:</strong> Me gustaría invitarlo a Los Ángeles. Quisiera conocerlo. ¿A usted le interesa conocer a nuestro grupo?</p>
<p><strong>Yo:</strong> Sí, desde ya. En particular a una persona de su equipo.</p>
<p><strong>Él:</strong> ¿A quién?</p>
<p><strong>Yo:</strong> A Naomi, su secretaria, con quien conversé varias veces para lograr esta entrevista.</p>
<p><strong>Él:</strong> Es una chica excelente. ¿Qué le ha interesado de ella en particular?</p>
<p><strong>Yo:</strong> Sus pechos.</p>
<p><strong>Él:</strong> Ahhh! Cuando venga le invitaré un café y de inmediato lo colocaré en el resonador magnético. Es usted un individuo que merece ser estudiado.</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Es eso un elogio?</p>
<p><strong>Él:</strong> No</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Me pondrá en el resonador antes o después de Naomi?</p>
<p><strong>Él:</strong> Durante. Naomi es quien hace las MRI en nuestro instituto.</p>
<p><strong>Yo:</strong> ¿Me harán una MRI del cerebro o de los testículos?</p>
<p><strong>Él:</strong> ¿Encuentra usted alguna diferencia?</p>
<p><strong>Yo:</strong> Tiene razón. Ha sido usted muy amable. Dele mis saludos a Naomi.</p>
<p><strong>Él:</strong> No hará falta. No se ha querido mover de mi lado muy entretenida con nuestra conversación.</p>
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