Medicina y Literatura
SERIE Angelita
Angelita IX
Palabras en fuga
XV
- Hoy almuerzo con vos
Eugenia se acercó hasta mi escritorio desde donde le había hablado sin desviar la mirada de la pantalla de la computadora. Se ubicó a mis espaldas. Yo no me moví.
- ¿Trajiste comida? - No - Entonces olvidalo - Es la última vez. Te lo prometo - OK, pero te comprás un yogurth. Yo no soy una sucursal de la UNICEF
El edificio donde funcionan nuestras oficinas tiene un pequeño patio interno. Es un espacio al aire libre donde un par de árboles famélicos agonizan bajo la sombra implacable de los edificios. Hay dos bancos de More >
Angelita VIII
Dios y las caderas
XIII
Llamé a casa y avisé que llegaría a la misma hora que todos los días. Angelita estaba exultante. Se la escuchaba de muy buen humor y llena de proyectos. No pude contarle nada de lo que me había sucedido durante esas horas. Tampoco me lo preguntó.
Es tan bueno abrir la puerta de casa. Dejarme penetrar por esa atmósfera. Internarme en esos pliegues del tiempo y el espacio. Hay allí un murmullo placentario. Una antigua música materna que te abriga del estremecimiento del mundo. Atento, suspendido quien sabe donde, Sebastián miraba un video clip de Shakira en More >
Angelita VII
Mi perro Dinamita
XII
Me encontré por segunda vez en pocas horas en la calle y sin destino preciso. Aunque ahora con un considerable dolor en los testículos. Volví a la plaza buscando alguna orientación que por el momento no lograba vislumbrar. Bajo el ceibo, una pareja de adolescentes hablaba en voz alta, se empujaban y se besaban alternativamente dando torpes sorbos a una botella de cerveza. Bajo el banco, a pocos centímetros de las zapatillas de la chica, asomaba un bulto grisáceo cuya forma no pude identificar. Sentado sobre el césped disfruté del espectáculo. El chico tenía un tatuaje sobre un More >
Angelita VI
Huevos no encuentran la salida
XI
Sin saber exactamente cómo llegue al estacionamiento subterráneo del Teatro San Martín. Dejé el auto y caminé por Corrientes deteniéndome en bares y librerías. Entraba, revisaba cada rincón buscando algo que, hasta el momento, no podía precisar. Tomé café, leí las contratapas de muchos libros, miré las caras de decenas de personas, probé unos cuantos discos. No encontré nada que aclarara mi incertidumbre. Comprendo que es conveniente conocer qué se busca antes de hacerlo pero, después de todo, no está nada mal buscar sólo para encontrar algo que seguir buscando. No lo encontré.
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Angelita V
Burbujas suicidas
IX
Me quedé un largo rato bajo el agua de la ducha. Luego me senté en el piso de la bañera y dejé que el chorro caliente cayera sobre mi nuca. Hice burbujas de jabón soplando a través de un anillo roto de la cortina de baño. Cientos de esferas transparentes de todos los tamaños inundaron el ambiente. Algunas tiritaban trémulas, otras dibujaban pequeños arco iris o, sencillamente, se suicidaban contra el espejo transformándose en espesas gotas de agua que resbalaban en cámara lenta en dirección a la mesada. Repasé en mi memoria reciente la alegría exultante de los chicos More >
Angelita IV
Mientras el lobo no está
VIII
Esa noche preparé milanesas con puré para los chicos y una sopa de fideos cabello de ángel para Angelita que debía cumplir con ocho horas de ayuno previas a la intervención. Llamativamente aceptó el plato y hasta me agradeció que se lo haya llevado a la cama. Le di el sedante indicado por el doctor. Coloqué un almohadón detrás de su espalda y la acompañé hasta que terminó de comer. Se secó la boca con una servilleta de papel y luego me miró desde abajo –yo ya estaba de pié- y lloró sin estruendos sorbiéndose More >
Angelita III
El doctor, la paloma y las tetas
VI
El día anterior a la fecha prevista para la operación de Angelita hice todos los preparativos para que ningún detalle imprevisto perturbara una jornada tan importante. Arreglé los traslados de los chicos con la madre de uno de sus compañeros, dejé preparada comida lista para calentarse en el microondas, la ropa para cada uno sobre su silla y luego me fui a trabajar. No logré concentrarme en ninguna de las tareas. Deambulé de una a otra oficina con la intención de poder conectarme con algo que sacara de mi cabeza la incertidumbre del More >
Angelita II
Las lunas de Angelita
IV
Angelita adoptó una actitud de encierro. Pasaba casi todo el día en el cuarto, acostada y a oscuras. Yo llevaba y traía a los chicos de la escuela empleando mi hora de almuerzo y corriendo por la tarde para llegar a tiempo. Luego hacía las compras indispensables y me dedicaba a preparar la ropa para el día siguiente y algo sencillo para cenar. Las tareas domésticas se hacían, aunque con notables diferencias respecto de cuando era ella quien organizaba la casa. Los chicos, sin embargo, parecían contentos y colaboraban gustosamente en todo cuanto les pedía. Nos arreglábamos.
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Angelita I
El cuerno de la abundancia
I
A mi mujer le ha salido un cuerno en la cabeza.
II
Lo descubrió hace seis meses mientras se frotaba el cabello con champú de manzanilla. Salió del baño envuelta en una toalla azul con dibujos de Twity que nos había regalado la tía Emilse cuando nació Nicolás, el menor de nuestros hijos. Chorreaba grandes gotas espumosas que iban dejando una estela como de mar en retirada sobre el piso de la sala.
- Fíjate, noté algo, una dureza, por acá.
Revolvió su pelo mojado hasta localizar la protuberancia. Tomó mi mano y la guió hacia el sitio exacto mientras More >
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